El hospital, con su ambiente de desinfección y su aire de soledad, se desvaneció en el espejo retrovisor.
Harper, sentada en el asiento trasero del Bentley, sentía el peso del silencio. A diferencia de la primera vez que viajó en el auto de Damon, que fue con el corazón latiendo con fuerza, ahora lo hacía con un nuevo sentimiento, uno que se sentía muy familiar, como si un hilo invisible se hubiera tejido entre los dos.
No había podido quitarse esa sensación extraña de de javu, como si hubiera