El aire frío de la noche les golpeó el rostro al salir disparados por la puerta de servicio, que cerraron de golpe tras de sí. No había tiempo para orientarse, solo para correr. La silueta de Javier, ahora sin máscara y con una determinación alarmante en los ojos, ya se perfilaba en la salida.
—¡Por aquí! —jadeó Damián, tirando de Lucía hacia la izquierda, por un sendero de gravilla que bordeaba los jardines laterales de la mansión.
En algún lugar allí, Vijay los esperaba. Lucía sintió cómo lo