—¿Cómo estás, hijo? —preguntó Tomken.
En cuanto supo de la noticia sobre el descubrimiento del cuerpo de Ardelia, voló hacia donde se hospedaba Caín.
—Bien. Ella ya ha estado muerta por dos años para mí, padre —dijo el joven, mirando el arreglo floral que había dejado junto a la ventana.
Eran tres rosas azules, rodeadas de pequeñas flores blancas. Un ramo hermoso y elegante. Había llegado temprano en la mañana, sin remitente. No lo necesitaba.
—Descubriremos quién lo hizo —prometió Tomken, a