—Recuerda que la exposición es a las seis —dijo Sam, sentándose junto al portátil de Vlad.
Los primeros meses de matrimonio habían ido estupendamente, sólo les faltaba compatibilizar sus vidas personales con el nuevo vínculo, pero Sam, que era tan buena dialogando, solía hallar siempre las palabras adecuadas para alcanzar acuerdos. Sus habilidades orales eran destacadas y dejaban a Vlad sin argumentos.
—Ya reagendé lo que tenía para la tarde, amor. Ahí estaremos —dijo él, sin perder detalle de