—Si hay alguien a quien detesto es a la gente impuntual —decía Vlad.
Quince minutos llevaban esperado a Félix en el restaurante y ni luces de él y su novio.
—Relájate, Vlad. Todo el mundo llega tarde alguna vez —decía Sam.
—Yo no, nunca.
—No todos son tan rigurosos con el tiempo como tú.
—Si lo hicieran, el mundo sería un lugar mucho mejor, te lo aseguro.
Ya quisiera ver ella ese mundo lleno de Vlads. Ningún cervatillo podría respirar en paz.
—Genial —dijo él, mirando su teléfono—. Markus