– Dra. Caruso, así suena mejor. El lunes cuando llegue a la clínica, debo cambiar mi… ¡oh, hola!
Katya notó que el alcohol ya estaba haciendo que su cabeza viajara de un lado a otro, y ella hablara sola. Aquello no era un buen indicativo, pero Katya le sonrió al misterioso tipo que se sentó a su lado.
Él tenía una barba y cabello canoso, una mirada cálida y unos ojos cafés que brillaban bajo la luz. Era por mucho, el hombre que más desencajaba en el lugar. Todos en la fiesta, eran fríos, duros