Katya miró con la boca abierta a Sylvana, que intentaba actuar normal sin mucho éxito.
– ¿Fiore? –Preguntó Katya, haciendo mención del apellido de Argus–. Entonces, tú y él…
Sylvana la chistó.
– No… sí… fue hace mucho –Sylvana hizo un puchero–. No le cuentes a mi padre.
Katya lo único que pudo hacer fue reír, pues un segundo ruido seco la hizo desviar su atención.
El grupo de hombres donde Egan había estado un segundo, habían entrado en una pelea de puños. El caos se desataba lentamente, Ka