– ¿Qué es esto, dulce Katya? –El hombre era demasiado amable, todo debía ser una fachada. Pero lo fuese o no, el tipo fuese un sicario o un mafioso, Katya no permitiría que esa niña siguiera sufriendo si estaba en sus manos poder ayudar.
– Es mi clínica –respondió Katya, la boca de Artem se abrió con sorpresa mientras a sus ojos le llegaba una chispa que ella había visto en muchos pacientes: esperanza–. No estoy diciendo que pueda curarla, pero jamás rechazaría un paciente por más difícil que e