Me estaba metiendo sola en el terreno más peligroso. Negociar con Jorge era aceptar sus reglas. ¿Qué pediría? ¿Sumisión? ¿Sexo?
No. Victoria no podía comprar mi cuerpo con su desgracia.
Y aun así, mis labios formularon la pregunta.
—De acuerdo. ¿Qué quieres de mí?
La mirada de satisfacción de Jorge me hizo entender que aquello no iba a ser gratis.
—Nada extraordinario. Que dejes de luchar contra la única verdad.
No. Ni hablar. No pensaba aceptar su mentira como una verdad. Quizás pudiera actuar