Salí de la habitación. Los dos guardias nos siguieron a todas partes. La isla estaba rodeada por una muralla, salvo en la zona del muelle, donde podían amarrar varios yates. Aunque en ese momento no había ninguno amarrado. La única forma de salir era un helicóptero que había en lo alto del edificio de tres plantas, el cual se podía observar desde el muelle.
No parecía haber salida posible si no venían por mí. Intenté llegar hasta el helicóptero, pero a pesar de las palabras de Jorge, los dos ho