Hablar con Alexia siempre me tranquilizaba. Nunca había sentido lástima de mí misma y no la sentiría ahora por unas palabras de Pauline.
Al día siguiente, fui a casa de Max con Odette, que intentaba disuadirme de volver a contratarle:
- No puedes ir tras él otra vez. Ha vuelto a dimitir.
- Pero tendrás que explicarle por qué.
- Ya sabes por qué: te quiere.
- Quiero a Max como mi guardia de seguridad, Odette. No voy a renunciar a eso, ¿entiendes? - La miré fijamente.
Ella asintió, dándose por ve