¡QUÉ CORAZÓN TAN BONDABLE!
Suspiré, recordando la forma en que Catriel Levi Mallet me había juzgado, desde el primer momento en que me vio. Y tal vez me enamoré mucho antes, todavía en Alpemburg, de su trasero redondo y perfecto.
Mal sabia que o rosto dele era emoldurado por cílios perfeitos, que combinavam com os olhos azuis exatamente da cor do mar de País del Mar. A cicatriz no supercílio mostrava que também havia tido um acidente ao longo da vida... E lutou, assim como yo. Éramos ganadores.