La oscuridad total de la imprenta era absoluta, asfixiante y pesada con el olor a lana húmeda y un pánico repentino y agudo. El gemido mecánico moribundo de la imprenta resonaba como el último suspiro del santuario que Olivia había pasado seis años construyendo.
"¡Noé!" Olivia gritó en el vacío; sus manos golpeaban con fuerza las frías tablas del suelo mientras se acercaba rápidamente a las escaleras, de rodillas. Su instinto de supervivencia no era un plan calculado; sino un terror materno y f