La puerta trasera de la cabaña crujió en señal de protesta cuando Collins la empujó para abrirla, pero el fuerte viento de la montaña ahogó el sonido al instante. Salieron sigilosamente al gélido aire matutino, dejando atrás las brasas apagadas de la estufa. La niebla era espesa, una densa capa lechosa que se cernía sobre las húmedas agujas de pino, ofreciéndoles una cobertura crucial, pero ocultando por completo el terreno traicionero bajo sus pies. Collins permanecía de pie al borde de la som