La brecha que atravesaba el corte de la mina de hierro era estrecha; había una ruptura en forma de V en la columna vertebral de granito de las montañas. Mientras avanzaban, el viento los golpeó con una fuerza recién descubierta, llevando pequeñas y mordedoras gotas de nieve que les picaban la cara desnuda. Debajo de ellos yacía el valle secundario, un mar oscuro de canopias perennes envueltas en una densa niebla. Olivia condujo el camino por la traicionera pendiente trasera; sus botas deslizaba