Dominique se despertó más temprano ese día. Se levantó lentamente, cuidando de no despertar a Antonella. Tomó el celular que estaba sobre la mesita de noche y se dirigió a la cocina. Con los pies descalzos sobre el frío piso de madera, se arrastró hasta la encimera y, sentándose allí, hizo una llamada.
Nunca había llamado a Benjamín, y mucho menos a esa hora. Era muy temprano y corría el riesgo de ser despedida por su atrevimiento.
Su corazón palpitaba descontroladamente en su pecho y sentía in