Alessia no estaba contenta con el comportamiento de Antonella. La sangre que le hervía por dentro paralizó sus piernas, como si estuviera frente a un peligro inminente. Alessia jamás imaginó que odiaría a su hermana mayor de esa manera.
Después de unos segundos, inmóvil, mirando la puerta cerrada, giró sobre sus talones y se encontró con Dominique.
—¿Qué haces aquí? —Dominique jadeó como un perro rabioso.
—No es asunto tuyo —Alessia miró a Dominique fingiendo no sentir miedo de ella. El odio le