Henrico leía las noticias en el periódico, sentado en su vieja y desgastada silla, y su expresión cambiaba con cada frase leída. Su corazón se llenaba de certeza cada vez que se acercaba al final: Alessia estaba involucrada en aquello.
Arrugó el periódico y lo tiró lejos. No debería importarle la hija por la que nunca demostró afecto. Antonela siempre fue despreciada por él, y aunque, en el fondo, la amaba, no lo demostró.
Se levantó impaciente, dándose cuenta de que Alessia era un caso perdido