Mundo ficciónIniciar sesiónPOV: Alejandro
El silencio en mi oficina era absoluto. Demasiado. Apoyé los codos sobre el escritorio mientras revisaba por tercera vez el mismo documento sin realmente leerlo. Mi mente estaba en otro lugar. En otra habitación. En otra noche. Valeria. La imagen de su rostro apareció en mi cabeza con una claridad irritante. Su cabello oscuro cayendo sobre sus hombros. La forma en que sus ojos me miraron antes de que todo dejara de importar. Apreté la mandíbula. No era propio de mí distraerme así. Nunca lo había sido. Pero desde esa noche algo había cambiado. Y no sabía si me gustaba. Me levanté de la silla y caminé hacia el ventanal que daba a la ciudad. Las luces de los edificios iluminaban la noche como un tablero infinito de decisiones y estrategias. Siempre había sido bueno jugando ese juego. Siempre un paso adelante. Pero Valeria no había sido parte del plan. Ni remotamente. Y aun así… Una leve sonrisa apareció en mi rostro. No me arrepentía. Ni un poco. Ni de haberla seguido en el hotel. Ni de haberle ofrecido ese trago. Ni de haberla llevado a mi suite. Ni de lo que ocurrió después. Mis pensamientos fueron interrumpidos cuando alguien tocó la puerta. —Adelante. Marco, uno de mis asistentes, entró con expresión seria. —Hay algo que pensé que debía saber. Eso llamó mi atención. —Habla. Marco dudó un segundo antes de continuar. —Daniel Whitmore está buscando a su esposa. Sentí cómo algo se tensaba dentro de mí. Pero mi expresión no cambió. —¿Y eso por qué debería interesarme? Marco dejó una carpeta sobre el escritorio. —Porque no parece una simple discusión matrimonial. Caminé lentamente hacia el escritorio. —Explícate. —Desde ayer ha estado moviendo contactos, preguntando en varios lugares si alguien ha visto a Valeria. Mis dedos golpearon suavemente la mesa. Interesante. —¿Ella desapareció? —Según parece… se fue de casa. Una pequeña chispa de curiosidad apareció dentro de mí. —¿Cuándo? —Ayer por la tarde. Eso significaba que después de la escena del hotel… Valeria había decidido irse. Definitivamente. Solté una pequeña risa. Marco frunció el ceño. —¿Le parece gracioso? —No. Tomé la carpeta y la abrí. —Me parece interesante. Daniel Whitmore. El hombre que llevaba años intentando destruir. Y ahora su vida personal estaba ardiendo. Qué ironía. Pero lo realmente inquietante no era Daniel. Era lo otro. Lo que no podía sacarme de la cabeza. Valeria. La forma en que su voz tembló cuando habló de su matrimonio. La rabia en sus ojos. La forma en que decidió ir conmigo sin pensarlo demasiado. Impulsiva. Peligrosa. Adictiva. Cerré la carpeta lentamente. —Sigue investigando —dije. —¿Sobre Valeria? Lo miré por un momento. —No. Una sonrisa apenas visible apareció en mi rostro. —Sobre Daniel. Marco asintió y salió de la oficina. Cuando la puerta se cerró, el silencio regresó. Volví a mirar la ciudad. Valeria estaba ahí afuera en alguna parte. Y lo más extraño de todo era que… No tenía forma de encontrarla. Ni su número. Ni una dirección. Nada. Solo el recuerdo de una noche que ninguno de los dos había planeado. Apoyé una mano en el vidrio del ventanal. Y por primera vez en mucho tiempo sentí algo que no era parte de ningún plan. Curiosidad. Porque si algo tenía claro… Era que aquella noche no había sido un error. Y tenía la extraña sensación de que volvería a verla. La única pregunta era cuándo. Y qué pasaría cuando eso ocurriera. POV: Valeria El taxi desapareció al doblar la esquina. Me quedé de pie en la acera durante unos segundos, sosteniendo la maleta con fuerza mientras observaba la calle. Nunca había estado en esa parte de la ciudad. Y eso era exactamente lo que necesitaba. Un lugar donde Daniel no pensara buscarme. Respiré hondo antes de entrar al pequeño hotel frente a mí. El edificio era antiguo, con luces cálidas en el lobby y un olor suave a café que se mezclaba con el de los muebles de madera. Nada lujoso. Nada que tuviera que ver con la vida que había dejado atrás. Perfecto. —Buenas tardes—dijo el hombre en recepción. —Necesito una habitación. Mientras llenaba el formulario, sentí una extraña sensación en el pecho. Era miedo. Pero también algo más. Determinación. Durante cinco años mi vida había girado alrededor de Daniel. De sus decisiones. De sus negocios. De su forma de ver el mundo. Siempre había sido la esposa perfecta. La que sonreía en los eventos. La que vestía como él elegía. La que decía lo correcto frente a las personas correctas. La que no hacía preguntas incómodas. Y ahora todo eso había terminado. El recepcionista me entregó una llave. —Habitación 214. —Gracias. Subí las escaleras lentamente. Cada paso se sentía extraño, como si estuviera caminando hacia una vida completamente distinta. La habitación del hotel no era lujosa, pero tampoco miserable. Simplemente… discreta. Eso era exactamente lo que necesitaba. Podría haber elegido algo mucho mejor. Durante años viví rodeada de lugares elegantes, hoteles de cinco estrellas y cenas en restaurantes donde una sola botella de vino costaba más que una semana completa en este lugar. Pero esa no era la cuestión. La cuestión era no ser encontrada. Me senté en el borde de la cama y observé el pequeño cuarto. Había tomado la decisión de pagar todo en efectivo. Nada de tarjetas. Nada que pudiera dejar un rastro fácil. Daniel Whitmore estaba acostumbrado a controlar cada aspecto de su mundo. Y yo había vivido demasiado tiempo dentro de ese mundo como para no saber cómo funcionaba. Si realmente quería desaparecer… tenía que hacerlo bien. Podría haber ido a casa de mis padres. Pero esa era precisamente la razón por la que no podía hacerlo. Sería el primer lugar donde Daniel buscaría. Mi padre siempre había sido demasiado protector conmigo, y aunque probablemente estaría furioso con Daniel si supiera la verdad, también sabía que no podría evitar enfrentarlo. Y yo no quería eso. No todavía. Necesitaba tiempo. Tiempo para pensar. Tiempo para reconstruir mi vida. Tiempo para demostrarme a mí misma que podía volver a empezar sin depender de nadie. Ni siquiera de mi familia. Por eso estaba aquí. En un hotel modesto al otro lado de la ciudad. Buscando trabajo. No porque no tuviera opciones… Sino porque necesitaba recuperar algo que había perdido hacía mucho tiempo. Control sobre mi propia vida. Dejé la maleta en el suelo. Por primera vez desde que salí de la casa de Daniel, el cansancio me golpeó con fuerza. Me senté en la cama y me cubrí el rostro con las manos. Todo había pasado demasiado rápido. La discusión. El divorcio. La decisión de irme. Cerré los ojos un momento. Me levanté de la cama y abrí la maleta. Dentro había solo algunas prendas, documentos importantes y mi cartera. Tomé mi teléfono. No tenía muchos contactos a los que pudiera llamar. La mayoría de las personas que conocía estaban relacionadas con Daniel. Y en este momento lo último que necesitaba era que alguien le dijera dónde estaba. Abrí el navegador y comencé a buscar. Durante años había ayudado a Daniel a organizar reuniones, agendas y eventos empresariales. No era algo nuevo para mí. Antes de casarme había estudiado Administración de Empresas, y durante mucho tiempo pensé que construiría mi propia carrera. Pero después del matrimonio… las cosas cambiaron. Daniel siempre decía que no necesitaba trabajar. Que su empresa ya nos daba todo lo que podíamos querer. Y poco a poco terminé usando mis conocimientos solo para ayudarlo a él. Mientras navegaba me aparecieron varios empleos Trabajo administrativo. Asistente ejecutiva. Coordinación empresarial. Varias ofertas aparecieron en la pantalla. Leí algunas con atención. La mayoría estaban ubicadas en el distrito financiero, donde Daniel tenía sus empresas y donde probablemente lo encontraría cualquier persona de su círculo. Esas opciones estaban descartadas. Seguí buscando. Hasta que encontré una oferta distinta. Una empresa corporativa buscaba asistente administrativa para una de sus oficinas. No estaba en la zona empresarial principal de la ciudad. Estaba ubicada en otra área donde varias compañías tenían oficinas secundarias. Leí el anuncio completo. Experiencia en organización de agendas ejecutivas. Coordinación de reuniones. Gestión administrativa. Sonreí levemente. Sabía hacer todo eso. Guardé el anuncio. Tal vez no era el tipo de trabajo que había imaginado cuando estaba en la universidad. Pero ahora mismo no necesitaba algo perfecto. Necesitaba un comienzo. Caminé hacia la ventana. Las luces de la ciudad empezaban a encenderse. Durante años viví en un mundo construido alrededor de Daniel Whitmore. Un mundo donde cada decisión parecía girar en torno a él. Pero ahora estaba sola. Y por primera vez en mucho tiempo… Podía decidir qué hacer con mi propia vida. Mañana enviaría solicitudes. Mañana empezaría a reconstruir todo desde cero. Sin Daniel. Sin la casa. Sin el matrimonio que alguna vez creí perfecto.






