El segundo día empezó normal. Llegué, me senté y encendí la computadora sin hacer ruido. Nadie mencionó lo del día anterior, pero tampoco era como si lo hubieran olvidado. Logan estaba revisando correos, Carla trabajando en silencio y el resto del equipo enfocado en lo suyo. La carpeta seguía donde la había dejado, a un lado. No la toqué.
Empecé con tareas simples, actualización de registros, seguimiento de correos, nada complicado. Todo iba bien hasta que alguien al fondo habló sin bajar la vo