No podía creerlo cuando el teléfono sonó menos de doce horas después de mi desalentadora conversación con Raúl. La voz al otro lado me informó que estaba contratada y que debía ir a la empresa para firmar mi contrato. La alegría inundó cada fibra de mi ser. Este trabajo significaba mucho más que un simple ingreso; era la oportunidad de pagar mis deudas, de seguir pagando al detective y, sobre todo, de recuperar mi reputación y mi carrera.
A la mañana siguiente, me vestí con mi mejor atuendo y m