29. Vestido rojo granate
Una hora más tarde, luego de haber tomado una ducha larga y enjuagado su cabello con ese champú de frambuesas que mucho le gustaba, se sentó en el borde la cama, pensativa, recordando lo que acababa de suceder con un sabor agridulce.
Si cerraba los ojos podía evocar sus besos, sus caricias, la forma en la que él la había tomado en diferentes oportunidades, en su cama; sedosa y tierna, como si ella fuese pluma, en la ducha; aun adolorida pero con las sensaciones a tope, en el auto; con un atarde