30. Sí, mi mujer, ¿no escuchaste?
Luca fue el primero en abordar a los recién llegados más que feliz, pues luego de haber insistido con llamadas y visitas recurrentes para que su mejor amigo asistiera al cumpleaños de su madre, allí estaba, y con él, esa jovencita de ojos almendrados que al parecer había llegado para sacudir el corazón de piedra del italiano.
— Grecia, me alegra volver a verte — la saludó el doctor, complacido, con una sonrisa que ella le devolvió en seguida —. Soy Luca, espero me recuerdes.
Si, lo recordaba de