23. Yo siempre tengo el control
La mañana siguiente despertó increíblemente bien; renovada, feliz, evocando todas y cada una de las sensaciones maravillosas que él le hizo sentir.
Dios, de verdad que había sido asombroso, mágico… de ensueño. Volvería a repetirlo sin lugar a duda.
Había sido suya.
Suya y de nadie más que él.
Al girarse, con una tierna y pequeña sonrisa en los labios, Emilio ya no estaba, tan solo había dejado su olor impregnado a las sábanas que compartieron y una pequeña nota en la almohada que abrió en segui