Daiana salió de la mansión con pasos firmes, sujetando con fuerza la muñeca de Javier y arrastrándolo con ella sin mirar atrás solo pensaba que le estaba salvando la vida al tonto y torpe que la tenía loca de amor. Él apenas podía seguirle el ritmo sin tropezar con sus propios pies.
—¿A dónde vamos? —exclamó con nerviosismo, sintiendo un sudor frío recorrer toda su espalda.
Daiana no le respondió de inmediato. En cambio, abrió la puerta de su auto con un movimiento brusco y lo miró con esa inte