Una semana después, todo estaba listo para la fiesta de compromiso entre Vladimir y Maia. El evento prometía ser elegante, lleno de lujo y con la presencia de las familias más influyentes. Vladimir, como siempre, mantenía su porte serio e imponente, pero había una tensión en sus hombros que solo un observador muy agudo podría notar. Javier, su leal pero torpe asistente, estaba a punto de hacer su entrada triunfal… o más bien, su entrada desastrosa.
—¡Jefecitooo! —gritó Javier al entrar en el de