Daiana sirvió el desayuno con una sonrisa en los labios. Estaba feliz, ilusionada, radiante. Las tostadas doradas, el jugo recién exprimido y el aroma del café llenaban el aire. Tenía el corazón latiendo más rápido de lo normal. Aquella noche con Javier había sido intensa, pasional, mágica. Ella creía haber sentido algo más que deseo en sus caricias, en sus besos, en su forma de mirarla antes de quedarse dormido.
Subió por las escaleras con pasos ligeros y el corazón lleno de esperanza y amor a