Maia jadeó en los labios de Vladimir cuando sintió cómo él la llenaba por completo. Su piel ardía bajo las caricias de aquel hombre que, pese a su apariencia fría e imponente, la hacía sentir amada, deseada y protegida. Cada movimiento era una promesa silenciosa de amor, una entrega mutua que iba más allá del deseo.
—Eres mía, Maia… solo mía —susurró Vladimir con voz ronca mientras atrapaba su boca en un beso profundo y apasionado.
Los cuerpos se unieron en una danza ardiente, desbordada de emo