Vladimir se despertó con Maia entre sus brazos. Su rostro descansaba sobre su pecho, su respiración era tranquila, y su cuerpo encajaba perfectamente con el suyo. La calidez de su piel, el suave aroma a vainilla de su cabello y la forma en que sus dedos estaban entrelazados con los suyos le provocaron una sensación de paz que jamás había sentido.
Él, el hombre que siempre había mantenido su corazón blindado, que veía el amor como un concepto lejano e innecesario, ahora se encontraba sonriendo c