Punto de vista de Gabriela
Dios mío, Javier era un incordio.
¿Qué demonios le pasa?
Mientras me arrastraba para alejarme de su puerta, mi mente se inventaba diferentes escenarios sobre él.
No podía pensar en nada más y eso me revolvía el estómago.
Debería ser lo de menos. Es decir, no quiere tener nada que ver conmigo y era justo que le devolviera el favor.
Un correo electrónico fue todo lo que necesité para volver al presente y entré en modo trabajo.
***
El balcón se había convertido en mi refu