Punto de vista de Gabriela
Apenas la puerta del estudio de Javier se había cerrado tras mí cuando el peso de todo lo que no había dicho me azotó el pecho.
Mordiéndome el labio inferior, me puse las manos en la cintura y me quedé mirando la puerta de madera que me había cerrado de golpe.
Entreabrí los labios y levanté el puño para intentar llamar, pero tras darle vueltas a la idea, bajé la mano lentamente.
Enfrentar a Javier no era buena idea.
No armaría una escena, pero las palabras crudas que me diría me harían pedazos, y eso era lo mínimo que quería.
Con la cabeza gacha, volví a mi habitación en piloto automático.
Mis pasos eran silenciosos, mis hombros tensos y mis dedos aún hormigueaban por haber agarrado su cómic antes de que me lo arrebatara como si hubiera cometido una ofensa imperdonable.
Las luces del pasillo eran demasiado fuertes y la casa era demasiado grande y silenciosa.
Para no despertar a Juan, cerré la puerta del dormitorio sin hacer ruido y me apoyé en ella, exhalan