Punto de vista de Gabriela
Apenas la puerta del estudio de Javier se había cerrado tras mí cuando el peso de todo lo que no había dicho me azotó el pecho.
Mordiéndome el labio inferior, me puse las manos en la cintura y me quedé mirando la puerta de madera que me había cerrado de golpe.
Entreabrí los labios y levanté el puño para intentar llamar, pero tras darle vueltas a la idea, bajé la mano lentamente.
Enfrentar a Javier no era buena idea.
No armaría una escena, pero las palabras crudas que