Lily se despertó bruscamente e hizo a un lado las sábanas antes de correr hacia el baño. Apenas logró llegar al inodoro antes de empezar a vomitar. Su cuerpo era sacudido por arcadas involuntarias que persistieron incluso cuando su estómago quedó completamente vacío.
—Está bien, dorogaya —dijo Sergey. Le sostenía el cabello recogido en una cola para que no le cayera sobre el rostro.
Cuando intentó ponerse de pie, se tambaleó. Las piernas le temblaban y, de no ser por Sergey, probablemente se ha