Amelia miró a Dimitri, confundida.
—No irás a casa de mi padre —dijo, intentando sonar firme.
Dimitri se detuvo un instante en su expresión. Se veía demasiado tierna… tanto que estuvo a punto de ceder. Pero recordó porque estaba haciendo aquello y se mantuvo firme.
—Sería raro que aparezcas allí sin tu esposo. ¿No lo crees?
Amelia sostuvo su mirada y levantó la barbilla.
—Mi padre lo entenderá, considerando la situación con tu empresa —replicó—. Le diré que estás ocupado.
—Pero no lo estoy.
—A