La sala de juntas fue quedando vacía. Lily permaneció a un lado, esperando a que todos terminaran de salir mientras anotaba en su tableta los últimos documentos que le habían solicitado. Cuando terminó, levantó la cabeza y tuvo la mala suerte de hacerlo justo cuando Andrew pasaba frente a ella.
El hombre la miró y le dedicó una leve sonrisa —burlona y arrogante—. Era la misma que ella creía haber visto cada vez que se cruzaban, pero esta vez no le quedó ninguna duda.
Los hombres de Sergey no ha