Amelia salió del vestidor y se detuvo frente al espejo de cuerpo entero. Durante un instante, simplemente se observó en silencio.
El vestido era impecable. La tela caía con elegancia y el encaje estaba trabajado con exquisita delicadeza. Cualquier otra mujer probablemente habría suspirado emocionada.
Ella, en cambio, apenas logró contener una mueca.
El corte no favorecía su figura y, más importante aún, no era ella.
Giró lentamente sobre la pequeña plataforma para mostrarse ante su futura suegr