Desde casi todas partes de Europa el rey Carlos I envió a Roma más de 100.000 hombres para la guerra: caballería, infantería, escudería, arquería, armas de alto calibre como catapultas, ballistas y mangoneles.
En cuestión de tres semanas todos los ejércitos se reunieron en las afueras de la catedral de Roma, ahí aguardaban miles de soldados pertenecientes a la Iglesia, también una cuarentena de cazadores de vampiros con armaduras hechas de plata con sus respectivas espadas, escudos y dagas.
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