CAMERON
Abrí los ojos de par en par, sintiendo que se me enfriaba todo el cuerpo.
El silencio que se formó a mi alrededor era tan ensordecedor como un chirrido, y mis pensamientos se detuvieron en el momento que acababa de pasar.
Abrí la boca para pronunciar palabra, pero no me salió nada. Tenía un nudo espantoso en la garganta que ni siquiera me dejaba respirar.
—Ven conmigo.
La voz de mi padre resonó con un peso que jamás le había escuchado, y se movió hacia un lado, abandonando el salón con