CAMERON
La mano de Colin bajó de mi rostro al brazo, y luego a mi costado, en tanto las mías se enredaban en su cuello.
Nuestro beso se alargó, salivoso, profundo, caliente, ansiado, y apenas entonces me di cuenta de la profundidad del sentimiento de vacío que reinaba en mi interior, y que llevaba muchos años ahí. Algo que solo él era capaz de llenar.
Mi corazón latía con fuerza, tanta que lo sentía en mis oídos, pero no quería parar.
La calidez de su aliento rebotó contra mis labios, y nos mira