— Bueno él es… un poco salvaje.
— ¡Un poco! — abre la boca y mira mi cuello. — ¿Estás son marcas de dedos? — frunce el ceño.
— Amiga…
— ¿Ese imbécil te lastimó? — de un momento al otro mi amiga cambia su postura, ya no parece excitada, ahora se ve más que colérica.
— No es lo que crees. — la miro nerviosa.
— Entonces, explícamelo. — se cruza de brazos y aguarda por mi explicación. Mierda.
— Lo que pasa es que mientras teníamos sexo él… se emocionó de más y…
— ¡Ese hijo de puta! — intenta irse,