Nos quedamos así durante un rato, solo escuchando el sonido de nuestras respiraciones acompasadas. Sus dedos dibujan círculos imaginarios en mi cadera y subo mi rostro para mirarlo. Él conecta su mirada con la mía y me muerdo el labio ante lo hermoso que se ve.
Subo mi mano y acaricio su barbilla, sonríe inclinándose para dejar un beso en mi nariz.
— Debemos levantarnos. — hago un puchero que lo hace ampliar su sonrisa. — Jennifer, tu padre quizás no tarde mucho en el club, es arriesgado que no