Abro mi boca y dejo que su lengua entre en la mía y explore cada espacio. He descubierto que la adrenalina me excita, subo a su regazo y siento sus manos ir a mis muslos. Nos besamos con necesidad, lo único que se escucha es el chasquido de nuestras lenguas y nuestras respiraciones aceleradas.
Gimo sintiendo su entrepierna. Su dureza.
— Te extrañé tanto, nena. — baja sus labios a mi cuello y me proporciona pequeños mordiscos que me hacen jadear.
No le respondo, aunque el primer año fue difícil