Dos días después, Dante apareció de nuevo, esta vez con un acuerdo de ruptura de relaciones familiares en la mano.
Mientras yo lo examinaba con detenimiento, Dante se agachó para desbloquear las cadenas con la llave.
—Como tu amigo, pagué una suma para que rompieran lazos contigo. Ya firmaron —explicó con voz suave.
— ¿Qué pretendes hacer? —pregunté algo confundida.
—Gael, quiero que veas con claridad lo que debes hacer.
Mi mirada se posó en la astronómica cifra y sentí que me dolía la cabeza.
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