Bajé la cabeza y dije:
—Dante, la verdad es que no somos compatibles.
—¿En qué aspectos no lo somos?
Mis dedos se tensaron de forma involuntaria. Aunque realmente no quería ser tan directa, los hechos en realidad eran los hechos.
—Sabes que mi situación familiar es algo complicada. No quiero que te señalen por mi culpa, ni convertirme en tu punto débil. Dante, eres maravilloso y creo mereces algo mejor.
Él se inclinó hacia mí.
—Entonces, ¿no es que no me quieras?
Mis orejas se pusieron rojas com