Los ojos de Katerina analizan, incrédulos, la imagen frente a ella. Con la boca abierta, el cuerpo rígido y la respiración entrecortada debido al espanto previo, parpadea varias veces hasta que reacciona.
—¿Qué haces aquí? —interpela ella, evadiendo la pregunta que él le hizo, mientras lo encara indignada.
¿Cómo se atreve a ir a su casa después de haberla perjudicado?
—Vine a que hablemos y aclaremos todo, mi amor. Pero no me has respondido, ¿por qué estás tan desaliñada?
—Ese no es tu asunto y