El corazón de Katerina salta con vehemencia mientras un escalofrío le recorre todo el cuerpo.
Sus ojos, agrandados, observan a su empleado con asombro, incredulidad y desconcierto.
Simplemente no puede asimilar que él se haya atrevido a decir tal disparate.
—Gio... —balbucea ella, desorbitada.
Todavía se le dificulta procesar lo que sucede y se encuentra en estado de shock.
—Mi amor, sé que lo quieres mantener en secreto, pero no tiene sentido si nos vamos a casar y a formar una familia. —Él le