Esos días, Katerina se ha mantenido distante, poco comunicativa y más seria de lo regular. En la cocina, remueve el cereal con la cuchara mientras mira un punto fijo.
—¿No tienes hambre? —pregunta Gio, cansado de verla jugar con la comida.
—Ah... —Ella reacciona y suelta la cuchara.
—¿Todo bien? Has estado muy rara últimamente —comenta, y luego da un sorbo a su café.
—Solo hago cálculos mentales. Hoy tengo que finiquitar lo del terreno y estoy un poco nerviosa. —Por una parte, dice la verdad, pe