Todo esta muy raro.
La revelación de la catastrófica situación financiera del Grupo Potter había encendido en Michael una ira fría y constante. En los últimos días, cada hora libre entre las interminables reuniones del proyecto del hospital y sus ineludibles deberes militares la había dedicado a estudiar balances contables, informes de auditoría y montañas de deuda, buscando desesperadamente una brecha, una solución para evitar la bancarrota inminente. Su escritorio estaba sepultado bajo dos pilas igualmente altas