Como un cuchillo.
La atmósfera en la familia Drucker se volvía cada vez más pesada.
Después de salir de la oficina, Sofía tomó un auto rumbo a la mansión Drucker.
Cuando el vehículo llegó a la residencia, se secó las lágrimas e intentó recomponer su expresión antes de bajar. Con la pequeña en brazos, caminó hacia la entrada e ingresó en silencio.
Al llegar a la sala, encontró a Carmen sentada, tomando una taza de té. Su expresión era tranquila, pero al ver a Sofía, una ligera confusión cruzó su rostro.
Los pasos