Te vas conmigo al infierno.
—Ya todo acabó—susurró Jarli mientras le daba un beso a Debora en la mejilla.
—Oh, Jarli, ¿estás bien?—preguntó Debora, visiblemente sorprendida, mientras veía a su esposo con ojos de amor.
Jarli asintió, llevando sus manos al vientre de Debora y acariciándolo con ternura.
—¿Cómo está la bebé?—pregunto con una sonrisa.
—Estamos bien, gracias a ti, mi amor.
Ambos se volvieron hacia Rodolfo al escuchar sus pasos alejándose.
—¡Rodolfo!—gritó Debora, pero era inútil, Rodolfo ya se había escapado.