Un amor que sana.
Jarli soltó un suspiro desgarrador. En ese instante, se sintió el peor hombre del mundo. Una punzada enorme le recorrió el pecho y se extendió por todo su cuerpo. Sus manos empezaron a temblar, incapaces de abrazar a su esposa. Pero tenía que ser valiente y mantener su palabra. Amaba profundamente a Debora y no permitiría que le ocurriera nada peligroso, especialmente después de todas las adversidades que ella había enfrentado por su culpa.
Debora, sin entender la gravedad de la situación, se a